¿Por qué una palabra pierde su sentido al repetirla constantemente?

Cómo vaciar de sentido una palabra

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Tomar la palabra florero. Repetirla hasta que su morfología nos seque la boca y la idea florero viaje más rápido por la mente que el sonido florero por el espacio; desintegrándose ante nuestros ojos; tornándola extraña, incomprensible, absurda, fantástica. Cooptará la cinta de moebius la palabra. La f ya no estará ahí, será esqueleto, forma de un cuerpo, nuestro cuerpo. Somos seres invadidos por esta ánima unípeda de delgada larga pierna, par de brazos cortos y cabeza pensativa.

lorero se llamará la bestia medieval que nacerá de las sobras de lo que fue una palabra. Un animalejo que lanza bocanadas de flores y recipientes de vidrio mientras responde preguntas por tres chelines y una pieza de pan. Y en la habitación ya no habrá floreros y nos marcharemos con nuestro andar unípedo acompañados por un avatar fantástico, sus flores, sus vidrios y sus respuestas.

lorero y yo. Esculturas por Ellen Jewett.

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Vaciar una palabra de sentido puede ser explicado como una aventura fantástica. También con exacta terminología científica fruto de estudios lingüísticos y neurológicos. Los investigadores llaman al proceso de diferentes formas: extinción de sentido, reminiscencia, transformación verbal y la más conocida y aceptada hasta ahora es saciedad semántica.


Cabra, cabra, abraca, braca, abra acá, abracadabra. (Ellen Jewett)

Explicado de forma sencilla podría decirse que cada vez que decimos una palabra (por ejemplo aguja) el cerebro la asocia con la imagen de una aguja y conecta las dos cosas (palabra y significado).

Pero cuando repetimos la palabra, al pobre cerebro le resulta cada vez más difícil conectar la información porque se cansa, lo que causa la desimbolización del objeto aguja, es decir, su pérdida sentido.
Zorro, zorro, zorrozo, ozorro, oso, orro, rozo, ozor, rorozo. (Ellen Jewett).

No razonar, desaparecer

No es sólo la palabra la que se transforma y se pierde en lo absurdo. La materia, el objeto en sí se vuelve más denso, más pesado, hasta convertirse en uno nuevo. El catedrático de psicología León James, lo explicó en estos términos: “Es un tipo de fatiga, llamada inhibición reactiva. Cuando una neurona se cansa, toma más energía volver a activarla una segunda, tercera y cuarta vez. Lo mismo sucede con la repetición de palabras: si las repites una y otra vez, se vuelven más resistentes  a ser entendidas”.

No razonar, desaparecer. (Ph:Artistual)


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